El mundo del vídeo es muy amplio y rico a lo largo de la historia. La evolución de aparatos y formatos de grabación han ido cambiando conjuntamente con la mejora en calidad de la imagen y el sonido obtenido.
Todavía recuerdo a mi padre grabándonos con el "tomavista" mientras paseábamos desfilando en semana santa. Nos dábamos una pecha de hablar en vano ya que este inquietante artefacto no estaba preparado para grabar el sonido ambiente. Pero a pesar de esta tara nada impedía grabar en lugares oscuros o ambientes nocturnos. Contaba con un foco potentísimo, o al menos así lo recuerdo, que te hacía salir con cara de achinado pero muy clarito.
Una vez acabados los imborrables carretes de 8 mm (milímetros) había que buscar un lugar donde proyectar dichas grabaciones. Si si, digo proyectar porque la única manera de visualizar dichas grabaciones era por medio de otro artefacto bastante aparatoso. Para mí era como tener el cine en casa. En los años 80 ya podíamos disfrutar del "cine en casa". Solo necesitábamos el "reproductor" de carretes de 8 mm. y una linda pared blanca sin ningún elemento (véase cáncamo, alcayata, clavos...) que desvirtuara la visión del video. Y por último mi padre trataba de disimular el ruido que realizaba el artefacto reproductor con la música radiofónica. De este modo la familia adquiría el papel protagonista en la pared de cal, donde se proyectaba las aventuras y desventuras familiares vividas a ritmo musical en 22,050 Hz.
Estas grabaciones mudas fueron trasformándose a los diferentes formatos que fueron apareciendo a lo largo de las últimas décadas. Esos cambios de formato les otorgo sonido y alguna que otra mejora de calidad, pero eso será otra historia.